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UNIVERSIDAD CATÓLICA DE EL SALVADOR

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Mensaje del rector


La educación es la mejor herencia que recibimos de nuestros padres. El Papa Francisco nos lo recuerda en la Exhortación Apostólica Postsinodal “La Alegría del Amor” (274): “La familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que se aprende el buen uso de la libertad”. Del uso moderado y sensato de la libertad se deriva la madurez de la persona. Para que seamos capaces de decisiones responsables y verdaderamente libres, es preciso que nos hayamos dado tiempo para pensar, en otras palabras, la persona prudente y madura “piensa” antes de actuar, se toma su tiempo para analizar y visualizar las consecuencias ¿Cómo darnos tiempo para “pensar”, dialogar, intercambiar criterios para construir posiciones responsables y sólidas, cuando a diario nos nutrimos de un estilo de pensamiento que se arma sobre lo provisorio, lo frágil, y la indiferencia por la coherencia?

Es obvio que no podemos dejar de formar parte de la “sociedad de la información” en la cual vivimos, pero lo que sí podemos es “tomarnos el tiempo” para analizar, ampliar posibilidades,

visualizar consecuencias, intercambiar puntos de vista, escuchar otras voces…e ir armando de esa manera el entramado discursivo sobre el cual será posible tomar decisiones “prudentes”.

Dicho de otra manera: la libertad no es un fin en sí mismo. Se ordena a la vida más plena del ser humano. Se rige por el amor, como afirmación incondicional de la vida y el valor de todos y cada uno. Una personalidad madura, así, es aquella que ha logrado insertar su carácter único e irrepetible en la comunidad de los semejantes. No basta con la diferencia: hace falta también reconocer la semejanza.

Una persona madura, una sociedad madura, entonces, será aquella cuya libertad sea plenamente responsable desde el amor. Para lograrlo se necesita invertir mucho trabajo, mucha paciencia, mucha sinceridad, mucha humildad, mucha magnanimidad. Este es el camino que debemos andar, recordando siempre como dice nuestro lema: “La Ciencia sin Moral, es vana”.

Mons. Miguel Ángel Morán Aquino
Palabras en la LVI Graduación UNICAES